El capítulo 6:1 dice: “Jericó estaba cerrada, bien cerrada, a causa de los hijos de Israel; nadie entraba ni salía” – En otras palabras, Jericó no quería nada con el pueblo de Elohim, ni con Elohim.
El resultado de dicha decisión, fue su destrucción. Josué pone una maldición sobre las ruinas de la ciudad y declara que nunca podrá ser reedificada y que quien lo haga, sufrirá la pérdida de su primogénito y de su último hijo. Más tarde, en la historia de Israel, como cinco siglos después, un líder ignora esta maldición y trae sobre si todo el castigo profetizado sobre quien lo hiciera. 1Reyes 16:34 – “En su tiempo Hiel de Bet-el reedificó a Jericó. A precio de la vida de Abiram su primogénito echó el cimiento, y a precio de la vida de Segub su hijo menos puso sus puertas, conforme a la palabra que YHVH había hablado por Josué hijo de Nun”. Cuando Elohim da una instrucción con consecuencias por su violación, o declara una maldición (Josué 6:26), no regresará vacía, sino que se cumplirá. Hiel lo olvidó, violó una instrucción dada por YHVH a través de Josué y sufrió las consecuencias. Ahora, permítame mostrarle algo que está pasando concerniente a Jericó hoy en día y que demuestra que dicha maldición no está anulada. Mucho antes de que Israel volviera a ser nación, se construyo un pueblo al lado de las antiguas ruinas del viejo Jericó. Judíos y árabes han vivido allí lado a lado, pero desde la Intifada (revuelta palestina) que empezó hace unos años, y desde que Jericó se convirtió oficialmente en posesión palestina, la lugar se ha marchitado. Los enemigos de YHVH de nuevo han tratado de hacer de Jericó una fortaleza contra el pueblo de Elohim y por consiguiente se han puesto bajo la maldición declarada por Josué. Pero sabemos que YHVH volverá a rescatar a Su pueblo, sabemos que su palabra no regresa vacía y que al final de los tiempos, las murallas de Jericó caerán de nuevo y el paso para el pueblo de YHVH será abierto. No temamos, cualquier muralla que el enemigo levante ante nosotros, YHVH la derribará.