“Porque dos males ha hecho mi pueblo: me dejaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas; cisternas rotas que no retienen agua” (Jeremías 2:13)
A través del profeta Jeremías Elohim reduce a dos los males que el pueblo hizo al apartarse de Él, aunque fueron muchas las atrocidades que ellos cometieron alejados de Elohim. Primero abandonaron la verdadera fuente de vida; y segundo trataron de generar su propia fuente. Elohim usa la necesidad del agua física como parábola de la necesidad del agua espiritual, la cual sostiene a Su pueblo en los altibajos de la vida. A lo largo de la historia, el hombre ha buscado fuentes espirituales alternas a Elohim y Su Torah, fuentes que abarcan desde la idolatría hasta la inmoralidad sexual, llevando al hombre hasta el punto en que declaran a lo bueno malo y a lo malo bueno. Elohim ha provisto todo lo necesario para vivir en una relación de pacto con El, pero el orgullo que hay en el corazón del hombre siempre lo lleva a construir caminos alternos. Al final, esta es la base de todo sistema de fe alterno, falsa religión u orden moral que se ha levantado y que se practica en la faz de la tierra. Es fácil mirar a los tiempos de Jeremías y decir: ¿Cómo pudieron hacer eso? Pero lo que necesitamos hacer es mirar nuestra generación y ver que no somos diferentes, que el hombre sigue cavando cisternas rotas y sigue teniendo la misma sed. Pidámosle a Elohim que nos proteja para que jamás busquemos fuentes alternas a Él.