“La religión pura y sin mácula delante de Elohim Padre es esta: visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo” (Santiago 1:27)
La palabra religión viene de dos palabras en latín – re y ligio – que significan = amarrar o atar de nuevo. Todos estamos atados a algo. Aquello que tememos perder en nuestra vida, es lo que nos ata o amarra. Dinero, diversión, conocimiento, búsqueda del poder, búsqueda de reconocimiento humano, fama, falsa religión, una adicción de cualquier tipo, placer o egocentrismo. La Biblia resume todas estas cosas en tres grupos: el mundo, el demonio y la carne. Esas son las cosas que nos atan y controlan lo que hacemos, decimos y pensamos. Algunos dirán que han abandonado la búsqueda de las cosas mundanas y se han vuelto a la religión. Simplemente se han atado de nuevo, pero a algo diferente. Puede ser bueno o malo, pero se han atado. Si la gente se ata a un sistema religioso, denominaciones o líderes religiosos, es una mala atadura. Pero si se atan a seguir y obedecer al Elohim de las Escrituras, y han decidido seguir Sus instrucciones en verdad y justicia, es una buena atadura. Hacerlo, es seguir el Camino que guía al amor, el gozo y la paz que solo YHVH sabe dar, y a la vida eterna, a ser parte del mundo venidero, a ser miembro de la familia de Elohim y a ser ciudadano del Reino de YHVH. Para la mentalidad greco-romana u occidental, religión es: un sistema de ética, una ideología o credo, rituales y ceremonias, un lugar a donde ir, algo que hacer. Sin embargo, desde la perspectiva Hebrea, religión es definida por lo que somos, por la forma como pensamos, vivimos y caminamos en el diario peregrinar hacia YHVH el Creador del Universo, por la relación íntima que tenemos con el Padre y con aquellos que junto con nosotros siguen el mismo camino, por el Código de Conducta – Torah – que nos ayuda a orientar cada pensamiento, palabra y acción hacia YHVH para que aprendamos a amarlo con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma y con toda nuestra mente, y al prójimo como a nosotros mismos. SHABBAT SHALOM