“Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas vosotros tenéis la mente del Mesías” (1Corintios 2:16)
Para la mente hebrea, la vida es un todo en las manos de Elohim. Es decir, los Hebreos no hacen distinción entre áreas sagradas y seculares de la vida. Ellos ven todo en la vida como una unidad. Todo es dominio de Elohim. Todo lo que pasa, está en sus manos, ya sea tribulaciones o alegrías. Reconocen a Elohim en todo lo que hacen. Con relación al pensamiento hebreo, el Salmista dice: “A YHVH he puesto siempre delante de mí” – Salmo 16:8. “Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas” – Proverbios 3:6. Por consiguiente, para la mente hebrea, todas las circunstancias de la vida, los buenos tiempos y los malos, no provienen de la suerte, sino que están bajo el control soberano del Elohim Todopoderoso. La oración es para los judíos, tanto antiguos como ortodoxos modernos, la forma para estar en tono con el concepto de que todo en la vida es sagrado. Las oraciones judías son cortas porque todo el día de un judío observante, está delineado con oraciones. Cientos de estas oraciones o bendiciones cortas, son repetidas constantemente durante todo el día. La presencia de Elohim es reconocida todo el tiempo, todo el día, con bendiciones y oraciones. Esta es la forma de estar en constante comunión con el Padre. La santidad o ser Kaddosh, no consiste en hacer cosas, como oraciones extensas y excesivas, sino que es una actitud demarcada por la total obediencia a la Torah, viviendo la vida que YHVH desea para Su pueblo, en constante acción de gracias y alabanzas por todo. Esto fue lo que quiso decir Pablo en 1Tesalonicenses 5:17-18 – “Orad sin cesar. Dad gracias en todo porque ésta es la voluntad de Elohim para con vosotros en el Mesías Yeshua”.