Gota de Amor - Octubre 10/2011

Escrito por Rocio Salazar





“Y pondrá Aarón sus dos manos sobre la cabeza del macho cabrío vivo, y confesará sobre él todas las iniquidades de los hijos de Israel…” (Levítico 16: 21)


El acto de poner las manos sobre la cabeza, simboliza la transferencia de pecados del culpable al inocente, en este caso al “chivo expiatorio” – Azazel. Muchos argumentan que Azazel es tipo de Satanás, pero en ninguna parte en las Escrituras vemos a Satanás asumiendo la culpa por el pecado, ni expiando la culpa de otros. En el ritual de Azazel, vemos a un chivo inocente siendo enviado al desierto y muriendo por los pecados del pueblo. Al chivo se le ataba un cordón rojo en su cabeza y otro pedazo del listón se ataba en el Templo, tan pronto el chivo era lanzado al despeñadero y moría, el listón del Templo se tornaba blanco y así el pueblo sabía que los pecados habían sido perdonados – “Venid luego, dice YHVH, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueron rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana” – Isaías 1:18. Por cuarenta años, desde la muerte del Mesías hasta la destrucción del Templo en el año 70, el listón jamás volvió a tornarse blanco. YHVH quería mostrarle al pueblo que la obra del Mesías había sido definitiva para la expiación de todos, ya no necesitaban el ritual de “chivo expiatorio”, ya Yahshua había hecho la obra. El Templo fue destruido, era necesario para que el hombre entendiera cual era el nuevo Templo, el corazón del hombre. Sin embargo, no entendió, hasta el día de hoy, el hombre sigue entronando el sistema en su corazón y adorando a YHVH en un Templo que El ya abandonó.