“¡Oh, cuanto amo yo tu Torah! Todo el día es ella mi meditación. Me has hecho más sabio que mis enemigos con tus mandamientos” (Salmo 119:97-98)
Sabiduría y conocimiento son dos cosas diferentes. Dos personas pueden obtener la misma información y llegar a conclusiones diferentes. Nuestro entendimiento varía, según la perspectiva y la experiencia que tengamos del asunto. Cuando decidimos escalar una montaña que creíamos familiar, podemos darnos cuanta a mitad de la montaña que es imposible llegar a la cima, por ese camino, mientras que otra persona con experiencia, inicia su escalada por el lugar que creíamos más largo y difícil, y termina llegando primero. El problema con la vida, es que podemos mirar a las circunstancias que prevalecen a nuestro alrededor, y sentirnos perdidos sin saber que hacer, que acción tomar. Nuestro conocimiento es limitado, nuestra perspectiva no es perfecta y no tenemos la experiencia adecuada. Lo que nos falta, es sabiduría para saber que hacer. Podemos tener los hechos, estar frente a las circunstancias, pero no tenemos la sabiduría para saber qué hacer con ellos. Pero hay Alguien que tiene todo el conocimiento, Su perspectiva de los eventos y circunstancias es siempre justa y correcta, Elohim, el Padre Eterno, quien no está limitado por los horizontes de nuestra experiencia. Necesitamos recibir instrucciones directas de Él. Su sabiduría es esencial si queremos caminar seguros por este mundo caído donde el enemigo trata constantemente de desviarnos. Con Su sabiduría seremos más sabios que nuestros enemigos. Él nos guía paso a paso.