“Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado” (Mateo 12:37)
Nuestras palabras tienen una importancia enorme. De hecho, nuestra conversación es una de las áreas más importantes en nuestra vida y dicen hasta cierto punto quienes somos. A YHVH le preocupa intensamente la calidad y cantidad de nuestras palabras. Todos los creyentes hoy en día nos quedamos cortos en reconocer la profundidad, alcance y seriedad de la enseñanza Bíblica sobre nuestras palabras. Por eso, tal fácilmente caemos en la diabólica rutina del chisme, respuestas rudas y desobligantes, indiscreciones, comentarios desagradables, quejas, etc., que en nada edifican el cuerpo del Mesías ni glorifican al Padre. Las relaciones sufren, se deterioran y rompen cuando esta rutina y sus patrones dominan nuestra manera de hablar. Perdemos el vínculo de la paz que debe proteger y guardar la unidad del Ruaj en el cuerpo del Mesías. La razón por la cual al Padre le preocupa lo que hablamos, es porque lo que hablamos tiene un poder enorme. Nuestras palabras pueden edificar o destruir — “La muerte y la vida están en poder de la lengua” — Proverbios 18:21. Si nuestras lenguas están sujetas a la autoridad de YHVH, darán vida tanto a nosotros mismos como a los demás. Pero si nuestras lenguas andan sueltas, solo traerán muerte. “Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis como debéis responder a cada uno” — Colosenses 4:6.