“Mis huidas tú has contado; pon mis lágrimas en tu redoma; ¿no están ellas en tu libro?” (Salmo 56:8)
Saber que YHVH cuenta mis lágrimas no me emociona, sino que me da seguridad de que El está ahí, no solo para contarlas sino para involucrarse en mi dolor, para consolarme, para sacarme a la luz de nuevo y permitirme ver Su gloria a través de El. Dicen que las lágrimas son el antiséptico del corazón, lo lavan, limpian, desahogan, liberan, es decir, son parte del proceso de sanidad, así que, es bueno llorar. En muchas culturas el dolor físico es aceptado como normal, mas el dolor emocional y la manifestación de él con las lágrimas es signo de debilidad y no es aceptado. Es normal andar con muletas, enyesado, en silla de ruedas, pero las heridas emocionales, el dolor del alma debe ser escondido. No olvidemos que el corazón es muy delicado, es fácil lastimarlo, herirlo, hacerlo trisas y no hay yeso para el, y las muletas que el mundo ofrece (drogas, alcohol, desenfrenos), son cada vez más nocivas. Hay muchas experiencias dolorosas que necesitan ser lloradas, evacuadas con lágrimas. Nuestro Padre Celestial las cuenta, guarda y anota en Su libro, pero no solo las registra, El pone Su bálsamo de sanidad en las heridas y tiene cuidado de que no salga cicatriz sobre una herida no sanada, sino que se asegura que el corazón sea hecho nuevo.