“El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia” (Proverbios 28:13)
El pecado no es el resultado de no entender lo que es correcto, sino la falta de voluntad para entenderlo, por consiguiente, pecado es rechazar hacer lo correcto. Pecado no es el resultado de la ignorancia, sino rebelión. Es un asunto de la voluntad, del corazón de los deseos ocultos del alma. Si una persona rehúsa aceptar y confesar su condición de pecador, la salvación para dicha persona es inasequible, ya que YHVH no puede salvar un alma que no acepta la necesitad que tiene de un Salvador. La persona que encubre sus pecados, ya sea por pura y simple negación del hecho o auto-engañándose con absurdas explicaciones, no prospera espiritualmente, porque no está viviendo la Torah, no vive la realidad que YHVH tiene para ella, vive una mentira. Solo la persona que viene a la Luz (Yahushua), que reconoce la verdad de su condición, y desea ser libre de las ataduras del pecado, recibe misericordia. La ira de YHVH sobre el pecado, no se aplaca cuando el pecado es minimizado, excusado o racionalizado, ya que el pecado es una ofensa contra YHVH, viola Su Torah y dicho acto crea una brecha en la relación entre YHVH y dicha persona.