Cuando el alfarero va a hacer una vasija lo primero que hace es preparar el barro, luego le da forma en la rueca, la mete al horno para hacerla resistente, luego la pule con limas y papel lija y finalmente la decora o pinta.
Este es un proceso que dicha vasija sufre una vez, ya terminada, pasa a dar el servicio para el que fue hecha. La vasija de nuestra vida es un poco más compleja, el proceso dura todo el tiempo de nuestro peregrinaje. El Alfarero está constantemente dándole forma en la rueca de nuestra vida. A medida que la rueca (vida) gira, nosotros tenemos el libre albedrío para rechazar la mano del Alfarero y hacer lo que NOSOTROS queramos hacer de la vasija, o humildemente someternos a las amorosas manos del Alfarero y dejar que nos haga como El quiere. Ahora, pensemos, si el Alfarero en respuesta a una oración nuestra decidiera soltarnos, ¿qué sería de nuestra vida? Por doloroso que sea el proceso, solo en Sus manos estamos seguros. En Jeremías 18 Yaweh le advierte a Su pueblo que si continúan haciendo un desastre de sus vidas, va a llegar el día cuando su obstinada voluntad va a destruir lo que El hizo en la rueca. Pero Elohim es lento para la ira y grande en misericordia y día a día nos está pidiendo que le permitamos darnos forma de nuevo mientras queda tiempo. El siempre está dispuesto a aplicar sus amorosas y firmes manos en el barro de nuestra vida y formarla de acuerdo a Sus propósitos.