“¿Quién eres tú para juzgar al siervo ajeno?” (Romanos 14:4)
Creo que una de las lecciones más duras para nosotros como seres humanos es la de no juzgar. Es tan fácil ver las faltas ajenas y justificar las propias. Parece que para los defectos de los demás tenemos una vista 20/20 y para los propios somos miopes. Pero YHVH nos exhorta a no juzgar, y nos explica en su palabra que al hacerlo, estamos estableciendo los parámetros para nuestro propio juicio, “porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados” (Mateo 7:2). Luego también en su palabra nos muestra un camino mejor, el camino del amor y nos dice; “ámense los unos a los otros profundamente, porque el amor cubre multitud de pecados” (1Pedro 4:8). Si nos amamos, no nos criticamos.