Es intrigante ver la carrera entre Europa y U.S. por encontrar la llamada “Partícula de Dios”, el origen de la materia. Entiendo que los científicos buscan respuestas, quieren saber por qué estamos aquí, cómo empezó todo, cómo llegamos aquí, etc.
Como creyentes sabemos que la ciencia sola no puede encontrar respuesta a estas preguntas, pues el conocimiento humano es limitado y falible, no solo para entender el mundo en que vivimos, sino también para entender nuestra propia vida y sus múltiples circunstancias. Las Escrituras nos dicen que no nos apoyemos en nuestra propia prudencia. Cuando te apoyas en algo o alguien, pones todo tu peso ahí y ese es tu soporte. Si en lo que te estas apoyando se rompe o colapsa, tu caes junto con tu soporte. Por eso confiar en nuestra propia prudencia es inseguro. Confiar en nuestro limitado conocimiento nos lleva a vivir en constante tensión y preocupación. Debemos entender que lo único que sabemos es que no sabemos nada y lo mejor que podemos hacer es confiar nuestra vida y la de los nuestros en Dios. La base de nuestra confianza está en El, en saber que El tiene las respuestas y El mismo es la repuesta.