Si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis?” (Mateo 5:46)
Vivimos en el mundo de las recompensas donde los favores se pagan y dejan de ser favores. Todo funciona a base de la retribución. Doy si me dan, amo si me aman, y esperamos que hasta el más diminuto detalle sea recompensado, de lo contrario tildamos a la gente de ingrata y malagradecida. Pero en el Reino de Elohim, las cosas no funcionan así. La Escritura dice que tu mano derecha no sepa lo que hace tu izquierda. Todo lo que hacemos, lo hacemos como para el Señor y El hará nuestra recompensa pública, bendiciéndonos más no pagándonos favores o igualando cuentas. Todo don perfecto procede de Él. El hace en nosotros todo lo que es agradable delante de Él. Nada bueno hacemos por nuestra propia cuenta, somos simples instrumentos de bendición en sus manos.