“Todo el que cayere sobre aquella piedra, será quebrantado; más sobre quien ella cayere, le desmenuzará” (Lucas 20:18)
Con frecuencia pensamos que estar quebrantado es la condición en que quedamos después de que el mundo nos ha hecho trizas, y venimos a YHVH a que nos restaure. Cuando la mano humana nos quebranta lo que le traemos al Padre son pedazos deteriorados, pero si le permitimos a El quebrantarnos, los pedazos serán restaurados por Sus manos y solo Él sabe la nueva forma que nos va a dar. ¿Qué significa ser quebrantado? ¿Por qué lo necesitamos? Tarde o temprano nuestra estructura va a fallar y la diferencia está en si voy a estar sobre la roca o debajo de ella. Cuando mi autosuficiencia, mi ego se derrumbe, ¿qué quiero? ¿Pelear y dar coces contra el aguijón? O ¿someterme a la intervención divina y dejar que el Padre Celestial con su amor y cuidado me moldee de nuevo? Ser quebrantado por El, es caer de rodillas delante de Su presencia y reconocerlo por lo que es, nuestro Salvador, Rey y Señor. Es abrir nuestros brazos, exponer nuestro corazón y mirando al cielo decirle “aquí estoy Señor”. Es estar sin una gota de esperanza y aun así, decir: “El Señor es mi Pastor, nada me faltará”. Oremos: Amado Padre, aquí estamos, rotos, secos, despedazados, pero dispuestos a que tu mano nos moldee y haga de nosotros vasos de honra. Preferimos ser quebrantados por ti que caer en manos humanas y como David decimos: “caigamos ahora en mano de YHVH, porque sus misericordias son muchas, mas no caiga yo en manos de hombres” (2 Samuel 24:14). Moldéanos a tu imagen Señor, úsanos como lo creas conveniente, te amamos y confiamos en Ti.