“Viendo la multitud, subió al monte; y sentándose, vinieron a él sus discípulos. Y abriendo su boca les enseñaba, diciendo:” (Mateo 5:1-2)
En los días de Yeshua, los maestros de la Torah tenían estudiantes dedicados al estudio de la Torah, llamados “Talmidim” o discípulos. El sistema del “discipulado” maestro – discípulo, estaba bien establecido en la cultura hebrea. No había seminarios, institutos bíblicos sino la enseñanza por medio del contacto personal del maestro con el discípulo. Yahushua fue considerado rabí – maestro – “Y volviéndose Yahushua, y viendo que le seguían, les dijo: ¿qué buscáis? Ellos le dijeron: Rabí (maestro), ¿dónde moras?” – Lucas 1:38. Yahushua pasaba mucho tiempo con sus discípulos y cuando se iba al monte, no era invitando a la multitud a seguirle, sino todo lo contrario; era para alejarse de la multitud y pasar tiempo con sus discípulos enseñándoles. En ese tiempo, cuando el rabí o maestro se sentaba, quería decir que iba a enseñar. Esa era la señal para el discípulo. Tan pronto veía al maestro sentarse, él se sentaba a sus pies y escuchaba atentamente todo lo que el maestro tenía para él. Recibía sus instrucciones y siempre se esperaba que el discípulo, una vez aprendida la lección, la pusiera en práctica – “El discípulo no es más que su maestro, ni el siervo más que su señor. Bástale al discípulo ser como su maestro…” – Mateo 10:24-25. Después de cierto tiempo, el estudiante de la Torah debía estar enseñando, imitando al maestro en todo, haciendo discípulos el mismo y transmitiendo todo lo que había aprendido. El maestro era tenido en más alta estima que el padre. Según la tradición hebrea, el padre lo traía a uno al mundo presente, pero el Rabí (maestro) le llevaría al mundo venidero.