“Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, Oh YHVH, roca mía y redentor mío” (Salmo 19:14)
Nuestras palabras revelan lo que hay dentro del corazón y por consiguiente, como nuestras palabras y pensamientos están íntimamente conectados, debemos tener cuidado sobre como pensamos y sobre todo como pensamos acerca de los demás. Debemos siempre juzgar a los demás de la mejor manera, es decir ver lo bueno en ellos, es mejor juzgar favorablemente y no críticamente, ya que nuestros juicios tienen un peso enorme en el cielo. Lo que digamos, bueno o malo, hacen efecto en la realidad espiritual. Cuando hablamos favorable sobre alguien, espiritualmente estamos desatando bendición sobre ellos, pero cuando hablamos mal o criticamos, nos estamos uniendo a satanás que es el acusador y se producirá el efecto contrario. Además, cuando acusamos a otros de obrar mal, nos estamos exponiendo al mismo juicio – ¿por qué miras la paja que esta en el ojo de tu hermano y no echas de ver la viga que esta en tu propio ojo? - Nuestros pensamientos afectan la manera como actuamos y lo que decimos, así que, debemos estar vigilantes para construir y no destruir con nuestras palabras.