“Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder” (Mateo 5:14)
Como pueblo de YHVH estamos llamados a ser luz en la oscuridad. La pregunta es: ¿Estamos siendo efectivos en desvanecer la oscuridad, o estamos contribuyendo a esparcirla? El entender el principio del altar, tanto personal como del hogar, es la herramienta crucial para nuestra efectividad en lidiar con la oscuridad. Hubo un periodo en la edad media, llamado: “la edad oscura”. Fue una época de colapso demográfico, económico y cultural después de la caída del imperio romano. Pero nada comparado con lo que estamos viviendo hoy en día. Estamos viviendo el periodo de más oscuridad espiritual jamás visto. Oscuridad es la fuerza espiritual que toma control cuando la voluntad de YHVH es rechazada. Esto le da al enemigo autoridad legal para atacar al pueblo de YHVH y si no estamos fuertes podemos ser fácilmente movidos de nuestra posición de autoridad espiritual que nos ha sido dada por el Padre. Por eso es necesario mantener el fuego de nuestro altar ardiendo y nuestra relación íntima con el Padre intachable. Un altar es un lugar de luz en la impenetrable oscuridad del pecado, es la puerta que une la realidad física con la espiritual. En otras palabras, es “puerta del cielo”. Shalom