“Y el que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos” (Marcos 10:44)
Un suboficial dirigía las reparaciones de un edificio militar durante la revolución americana. Estaba dando ordenes a los soldados bajo su mando, tratando de hacer que levantaran una enorme viga de madera. Mientras los hombres luchaban por levantar la viga y ponerla en su lugar, un hombre que pasaba se detuvo y le preguntó porque no estaba ayudando a los hombres. Con toda la pompa de un rey, el soldado respondió: ¡Señor, yo soy el cabo! Ah lo es? respondió el transeúnte, no lo sabía. Luego quitándose el sombrero, se inclino y le pidió disculpas. Luego se acercó y se puso a ayudar a los soldados a levantar la viga. Una vez que terminaron el trabajo, se acerco de nuevo al cabo y le dijo: Señor cabo, cuando tenga otro trabajo de estos y no tenga suficientes hombres, envíe a buscar a su Comandante en Jefe, y vendré a ayudarle de nuevo. Todos queremos ser honrados, respetados y apreciados. Nos gusta que nos llamen por el título, doctor, ingeniero, etc., y a veces tratamos de exigirlo. Pero el honor, el respeto, el reconocimiento no pueden ser exigidos ni solicitados, el verdadero honor, respeto y aprecio solo vienen cuando nos convertimos en siervos. Pídanosle al Padre que nos enseñe a ser siervos, a servir y no exigir ser servidos, a honrar así no nos honren, a respetar aunque no seamos respetados, al fin y al cabo nuestro Maestro nos dio el ejemplo perfecto y es a El a quien debemos imitar - “Porque el Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir…” — Marcos 10:45.