“Todo varón de toda vuestra descendencia en vuestras generaciones, que se acercare a las cosas sagradas que los hijos de Israel consagran a YHVH, teniendo inmundicia sobre sí, será cortado de mi presencia. Yo YHVH” (Levítico 22:3)
Mucho de este tercer libro de Moisés se refiere a dos pares de conceptos: limpio e inmundo, y santo y común. Estos conceptos son ajenos a muchos, incluso las personas religiosas tienen poca comprensión de la perspectiva de la Torah en tales cosas. La mayoría de la gente, tiende a hacer distinción entre lo santo y lo secular como si hubiera algunos aspectos de la vida que están separados de YHVH y su influencia. Pero la Torah no hace tal distinción. El Elohim de Israel es el creador de todas las cosas, y toda vida existe bajo su dominio, por consiguiente Su pueblo está llamado a vivir una vida de servicio a El. Sin embargo, Elohim hace diferencia entre lo limpio y lo inmundo, lo santo y lo común. Los términos limpio e inmundo (hebreo: tahor y tamei) describen el estado de una cosa o persona en relación con su aceptación dentro de la comunidad del pueblo de YHVH, especialmente con respecto a YHVH mismo. El impuro (inmundo) no es aceptable en la presencia de YHVH y no debe ser tolerado como parte de la vida normal de la comunidad. De hecho lo inmundo puede contaminar lo que esta limpio. Lo santo y lo común (hebreo: kodesh y chol) son otro par de conceptos, pero a diferencia de lo limpio e inmundo que se refiere a un estado de aceptabilidad, lo santo y lo común se refiere a la distinción entro lo que ha sido especialmente separado por YHVH para su uso, y lo que no lo es. Si bien estos dos pares de conceptos describen diferentes aspectos de la vida, la forma como interactúan entre sí es crucial. Lo santo también debe ser limpio. Puesto que YHVH no tolera la inmundicia en Su presencia, hay consecuencias graves cuando algo o alguien que es santo (separado) se vuelve inmundo. Este es el lente a través del cual necesitamos ver el mundo.