“En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará” (Salmo 23:2)
El Salmo 23 me recuerda el Shabbat. Ese reposo que nos permite descansar físicamente. Es como un oasis en el desierto de la vida. Como estar en un cascarón, protegidos de los retos y problemas de la vida diaria. Un día para olvidarnos de todo y enfocarnos solo en nuestro Creador. Es como experimentar un pedacito de la eternidad. Cuando guardamos el Shabbat como nos lo ordena YHVH, experimentamos gozo, bendición, amor, paz. En este día YHVH restaura nuestra alma, nos guía por sendas de justicia, nos revela Su voluntad. El Shabbat es un regalo del Padre, es una señal entre YHVH y su pueblo de que estamos separados para Él, es un ensayo para ese milenio en que reinaremos con Él. Y es una Santa Convocación, un día especial y un mandamiento perpetuo. Isaías 58:13-14 nos dice como guardar el Shabbat — “No hacer nuestra propia voluntad — llamarlo delicia, santo, día glorioso de YHVH — honrarlo no andando en nuestro propio camino — no hablar nuestras propias palabras (es decir deleitarnos en la Torah) — Entonces, YHVH nos hará subir sobre las alturas y nos dará a comer la heredad de Jacob. ¡Aleluya! Shabbat Shalom