“Tu diste alegría a mi corazón” (Salmo 4:7)
La felicidad no se compra en el supermercado, no viene en paquetes o bolsas, no se logra en una subasta, no está en lo que poseemos ni tiene que ver con las personas que nos acompañan a lo largo de la vida. La felicidad es un estado del corazón por consiguiente no esta fuera de nosotros, sino en nosotros. La felicidad no se busca se posee; no se ve se siente; no espera ser amada ama; no es exclusiva le pertenece a todos y por lo regular la gente más feliz no siempre tiene las mejores cosas, solo sabe que la felicidad se da, no se pide pues dándola es como se consigue. La verdadera felicidad es pacifica, no se altera no se pierde, y sólo pueden sentirla aquellos que abren su corazón a YHVH quien es la fuente de felicidad.