“Señor, por causa de mis enemigos dirígeme en tu justicia; empareja delante de mí tu senda. En sus palabras no hay sinceridad; en su interior sólo hay corrupción. Su garganta es un sepulcro abierto; con su legua profieren engaños. Condénalos Oh Señor, que caigan por sus propias intrigas. Recházalos por la multitud de sus crímenes, porque se han rebelado contra ti” (Salmo 5:8-10)
Padre danos la sabiduría para no tomar acción cuando sentimos que estamos rodeados de enemigos y que sus hechos nos dañan. Ayúdanos a entender que la batalla es tuya y que quien nos toca, toca la niña de tus ojos y que eres Tú, Señor, el encargado de tomar acción y hacernos justicia