“Yo he oído tu oración y tu ruego” (1 Reyes 9:3)
Rezar es repetir, orar es dialogar y el secreto de nuestra relación con Dios, está en la oración, en la comunicación constante donde yo pregunto y Él me guía, donde yo lo adoro y El se deleita, donde el tiempo no alcanza para amarlo y dejarme amar por El. Es la oración la que conecta el cielo con nuestra humanidad, es la oración la que hace posible que en nuestra soledad, tengamos compañía, que en el dolor, tengamos consuelo, que en medio de la guerra nuestro corazón tenga paz. Es la oración esa línea directa que nos conecta con Dios y que jamás deber ser interrumpida por nuestros afanes.