“Escuché y oí; no hablan rectamente, no hay hombre que se arrepienta de su mal, diciendo: ¿Qué he hecho? Cada cual se volvió a su propia carrera, como caballo que arremete con ímpetu a la batalla” (Jeremías 8:6)
Hemos estado hablando en estos días especiales, de reflexión y arrepentimiento, pero paradójicamente la mayoría de la gente, aún del pueblo de YHVH, no entienden porque y de qué habrían de arrepentirse, según ellos son buenos, no roban, no matan, y la lista de los nos sigue, lo que lo hace a uno pensar que, ¿en qué mundo viven que no ven? No ven su propia condición ni la condición de la sociedad en la que viven, no ven el apetito público y desmedido por sexo, violencia y la nueva moralidad que alimenta a sus hijos y a ellos mismos desde las pantallas de televisión y computadores. No ven el juego corrupto de los políticos que gobiernan el país. No ven el alcohol y las drogas que fluyen como ríos. Y no hay nadie que pueda decir que no participa en alguna medida de la condición depravada en que se encuentra la sociedad actual. Si no es activo en alguna de sus depravaciones, lo es con la indiferencia que muestra al creer que por no participar esta libre de culpa. Es responsabilidad de todos clamar a YHVH para que tenga misericordia y perdone. El profeta Daniel entendió que el problema de su pueblo era nacional y clamó — “Hemos pecado, hemos cometido iniquidad, hemos hecho limpiamente, y hemos sido rebeldes, y nos hemos apartado de tus mandamientos y de tus ordenanzas. Tuya es, Señor, la justicia, y nuestra la confusión de rostro” — Daniel 9:1-19.