Gota de Amor - Diciembre 23/2016

Escrito por Rocio Salazar

“Entonces Moisés subió al Monte, y una nube cubrió el Monte… Y entró Moisés en medio de la nube, y subió al monte; y estuvo Moisés en el monte cuarenta días y cuarenta noches” (Éxodo 24:15-18 y 25:1-9)

 

Israel estuvo un poco menos de un año recibiendo instrucciones al pie del Monte.  Uno de los más emocionantes trabajos para hacer mientras los hijos de Israel acampaban al pie del Monte Sinaí, fue la construcción del Tabernáculo.  Tan pronto el campamento fue organizado, Moisés empezó a hacer viajes al Monte a recibir instrucciones de YHVH.  Durante sus encuentros con Elohim, YHVH expresó su deseo de habitar físicamente con Su pueblo en una forma visible y especial – “Y harán un santuario para mí, y habitaré entre ellos” – Éxodo 25:8.  El lugar de reunión debía ser ubicado en el centro del campamento con todas las tribus organizadas alrededor de él.  Hasta ese momento, la presencia de YHVH en medio de Su pueblo, había sido manifestada en la columna de nube que les daba sombra y los refrescaba durante el día, y la columna de fuego que los calentaba e iluminaba el camino durante la noche.  Esta forma de guiarlos, continuaría aún después de construirse el Tabernáculo, pero mientras Israel estuviera acampado, la presencia visible de YHVH, permanecería sobre el Tabernáculo y solo se movía cuando Israel debía continuar su viaje – “Y cuando la nube se alzaba del Tabernáculo, los hijos de Israel se movían en todas sus jornadas; pero si la nube no se alzaba, no se movían hasta el día en que ella se alzaba.  Porque la nube de YHVH estaba de día sobre el Tabernáculo, y el fuego estaba de noche sobre él, a vista de toda la casa de Israel, en todas sus jornadas” – Éxodo 40:36-38.