“Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia… celos, iras, contiendas… envidias, homicidios, borracheras, orgía y cosas semejantes” (Gálatas 5:19-21)
¿Quién de toda esa multitud que salió de Egipto estaba libre de estas cosas? Y ¿Qué santo moderno no tiene que luchar con estas cosas? A muchos nos han dicho que la llegada a la Tierra Prometida no tiene que ver con el comportamiento, sino con la promesa. Si ha habido una prueba contundente de lo contrario, esa es el viaje por el desierto. Fue esta lista descrita en Gálatas, activa en ellos lo que hizo que se revelaran contra Elohim diez veces a través de todo el viaje. Esos primeros ocho días viajando por el desierto con pan sin levadura, simbolizan nuestro proceso de limpieza de todo pecado. El pueblo siempre anduvo bajo la columna de nube y la columna de fuego, guiados por Elohim. El camino por el desierto debe hacerse en mutua cooperación con el Ruaj, si queremos llegar al final del camino. Cuando amamos, amamos honrar ese amor. Cuando no podemos o no sabemos amar o como responder a ese amor, distorsionamos el amor en permisividad, llegando a hábitos corruptos, como los enumerados en Gálatas 5. El comportamiento revela actitudes, y las actitudes revelan el carácter de la persona. “Por sus frutos los conocerás” – Mateo 7:20. Hebreos 3:7-11 = Salmo 95:7-11.