Jugar a “escondidas” es un juego de niños, pero muchos continúan jugando a través de su vida. No escondiéndose ellos, sino escondiendo sus malos hábitos, y no buscando a sus compañeros de juego, sino señalándole sus defectos.
El Señor nos dice que tal actitud tiene sus consecuencias y la única manera de ser libre es dejar de ocultar nuestros pecados y confesarlos, no para defendernos sino para renunciar a ellos. Cuando esto se convierte en un estilo de vida, se le llama: “caminar en la luz” y no es un evento para marcar en el calendario o en la memoria, sino una forma natural de vivir, caminando de la mano del Señor. No es un estilo de vida donde solo buscamos al Señor los días de reunión en la iglesia, y vivimos el resto de la semana buscando soluciones propias a nuestros problemas, sino un estilo de vida donde estamos permanentemente en la presencia de Elohim y lo buscamos hasta para lo más insignificante. Es decir que cuando caminamos en la luz mientras hacemos las labores diarias, caminamos en libertad, no en perfección pero si bajo su misericordia y amor.