La Escritura dice que así como está de lejos el oriente del occidente, nuestros pecados son alejados de nosotros cuando los confesamos. En el día de Yom Kippur o día de la Expiación, había dos machos cabríos involucrados. La sangre de uno era derramada en la Silla de Misericordia, en la Arca, en el Lugar Santísimo; y el otro macho cabrío era enviado al desierto, queriendo decir que nuestros pecados no solo eran sido cubiertos, sino también echados lejos. El sacrifico de nuestro Mesías Yahushua cubrió y quitó completamente nuestros pecados. Su sangre cubrió nuestros pecados cuando fue derramada en la Silla de Misericordia Celestial, tipificando el macho cabrío que era sacrificado en Yom Kippur. Ahora, podemos caminar seguros de Su perdón, con una conciencia limpia, renovándonos cada día mientras esperamos Su gloriosa venida. Confesemos nuestros pecados siempre, recibamos Su misericordia y vivamos cubiertos por Su Gracia.