Matatías y sus hijos eran sacerdotes que habían abandonado Jerusalén cuando el Templo había sido profanado. Pero no pudieron escapar del brazo de Antíoco. El rey envío oficiales a Modin, el pueblo de Matatías para forzarlos a sacrificar a un ídolo.
Los oficiales del rey se acercaron a él y le dijeron: “Sé tú el primero en acercarte a ejecutar la orden del rey… Así tú y tus hijos, serán contados entre los amigos del rey y gratificados con plata, oro y numerosos regalos” – 1Macabeos 1:18. Matatías y sus hijos rehusaron obedecer las órdenes del rey y en lugar de eso, se sublevaron, tomaron armas y mataron a los oficiales del rey. Ellos sabían que este acto de insurrección traería la ira del rey sobre ellos, así que, gritó a todos en el pueblo: “Todo el que sienta celo por la Torah y quiera mantenerse fiel al Pacto, que me siga. Y abandonaron todo lo que poseían en la ciudad, él y sus hijos huyeron a las montañas” – 1Macabeos 2:27. Yahshua dijo: “Cuando viereis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado. Entonces los que estén en Judea, huyan a los montes…” -- Lucas 21:20-21. El Mesías nos mando a observar a Jerusalén. Es allí donde está el termómetro que mide la temperatura de los eventos futuros. Otro Antíoco vendrá y profanará la santa ciudad y pedirá ser adorado, pero el pueblo que conoce a su Elohim, se esforzará y actuará.