Matatías y sus hijos no estuvieron escondidos solos en las montañas. Pronto todos aquellos celosos de la Torah se unieron a ellos y formaron un pequeño ejército. Matatías estaba ya viejo y murió en las montañas, su hijo Judah tomo control del pequeño grupo. Judah y su equipo de libertad llegaron a ser conocidos como los “Macabeos” que significa “Martillos”.
Pronto los Seléucides enviaron miles de mercenarios a acabar con los rebeldes, creyendo que sería una labor sencilla, pero un gran milagro ocurrió allí: “¿Cómo siendo tan pocos, podremos combatir con una multitud tan poderosa?... Judah les respondió: Es fácil que una multitud caiga en manos de unos pocos, y al Cielo le da lo mismo salvar con muchos que con pocos. Porque la victoria en el combate no depende de la cantidad de las tropas, sino de la fuerza que viene del Cielo… El Cielo los aplastará delante de nosotros, ¡no les tengan miedo! Apenas terminó de hablar, se lanzó sorpresivamente sobre el enemigo y Serón fue aplastado con todo su ejército” – Macabeos 3:17-23. Judah Macabeo les repitió lo que decía 2Crónicas 20:15 – “No temáis ni os amedrentéis delante de esta multitud tan grande, porque no es vuestra la guerra, sino de Elohim”. Jamás debemos olvidar esto. Cuando los tiempos se pongan difíciles y el enemigo ataque, recordemos que no es nuestra la guerra.