Jeremías le estaba hablando a un pueblo que había perdido el camino y para quien había poca esperanza no solo porque lo había perdido, sino porque no estaba interesado en encontrarlo; preferían seguir su propio camino aunque los llevara al desastre. Vivimos en un mundo de relativismo donde lo que nos parece bien lo hacemos, es decir no hay absolutos. Por consiguiente, es muy fácil perder el camino y ni siquiera darnos cuenta. Cuando viajamos a algún sitio, es necesario seguir las flechas que nos indican la dirección, pero si alguien tuerce la flecha, terminamos en el camino equivocado, así que la única forma de volver al camino, es con un mapa. En nuestra vida, a veces encontramos encrucijadas donde tenemos que evaluar, si perdimos el camino o si necesitamos una nueva dirección. En esos momentos la Palabra de Dios es el único mapa confiable y el Espíritu Santo es la brújula que nos señala hacia donde ir. La Escritura nos dice que busquemos el buen camino y andemos por él. Tal vez no sea fácil hacerlo, pero estamos seguros en él porque no caminamos solos, Yeshua va con nosotros. El camino de Elohim es verdadero y no cambia. No hay lugar para transigir y tal vez no sea el camino que nos agrade, pero es el camino que caminó Yeshua cuando hizo la voluntad del Padre. El ha prometido que allí encontraremos descanso para nuestra alma.