Cuando un niño pequeño llega donde el papá a contarle un montón de cosas y oye al papá decirle; “yo se hijo, yo entiendo”, el niño se siente seguro y feliz de que papá lo sepa todo. Igual nosotros cuando llegamos donde nuestro Padre Celestial con tantas oraciones y necesidades,
y hablamos tanto rogando y rogando, se nos olvida que El sabe lo que vamos a pedir, conoce nuestras necesidades, sabe por lo que hemos pasado, sabe que hemos sido heridos, lastimados, conoce nuestros sueños y esperanzas para el futuro, para nuestra familia, nuestra vida. También conoce el dolor de aquellos que no han tenido el amor de un padre natural, sabe como abrazarlos y restaurar lo que fue perdido. Conoce nuestras alegrías, nuestro dolor, nuestras victorias y derrotas. Si estamos en el suelo nos recoge y sabe que Lo amamos. Así, que cuando vayamos a El, no tenemos que hablar tanto, podemos guardar silencio y adorarlo en quietud porque El lo sabe todo y aunque conoce nuestro pasado, presente y futuro, y sabe las veces que hemos fallado y las que vamos a fallar, aún así, Su amor nos cubre y abraza. “Señor, acércanos a ti, no nos sueltes. Tú eres el deseo de nuestro corazón, nada ni nadie puede tomar tu lugar, permítenos sentir el calor de Tus brazos. Ayúdanos a encontrar el camino, vuélvenos a Ti”