Algunas de las lecciones más importantes que he aprendido en mi vida, han sido a través de mis errores. Han sido dolorosas en su momento, pero cuando miro atrás y veo los frutos le doy gracias a Elohim por no haberme atajado cuando iba cuesta abajo, haberme permitido tocar fondo, poder mirar hacia arriba y
buscar su mano que me levantó con misericordia y amor, mostrándome mi error, corrigiéndome, consolándome y ayudándome a poner en pie de nuevo. A esto le llamo la disciplina del amor. Cuando un niño está aprendiendo a caminar, el deseo de los padres es que lo logre sin caerse, es duro ver cuando cae y se lastima, pero es imposible no caer. Ya en su adolescencia, caerá de nuevo, pero será diferente y ahí, el hijo necesita corrección y disciplina. Ser corregido y disciplinado justamente es bueno, aceptar la corrección y disciplina es mejor, aunque duela. Las lecciones que se aprenden a través de la disciplina permanecen para siempre. Elohim es el mejor Padre. El sabe cuando necesitamos aliciente y cuando necesitamos la disciplina del amor. El no quiere que nos perdamos las lecciones vitales que nuestros errores nos dan para la vida. Cuando esto suceda, no nos rebelemos a Su disciplina de amor, démosle gracias por cuidar de nosotros y ayudarnos a crecer y madurar en El.