El oro se purifica con fuego hasta que se derrita. Una vez derretido empiezan a manifestarse las impurezas como una capa de mugre. El refinador la retira con un cucharón especial. El proceso puede repetirse varias veces, derretir el oro en el fuego y cernir las impurezas hasta que pueda ver el reflejo de su rostro en el oro refinado.
Como si se mirara en un espejo. Elohim habla a través del profeta Zacarías concerniente a los sacerdotes. Tristemente esos sacerdotes se desviaron siguiendo las costumbres de los pueblos paganos que los rodeaban, solo por tener paz con ellos, dejando el camino de Elohim. Nosotros somos un sacerdocio santo, estamos llamados a ser separados para El. Sin embargo, hay momentos cuando fallamos y no vivimos a la altura del llamamiento y nos dejamos arrastrar por las corrientes del mundo. Otras veces, es que sentimos que la prueba por la que estamos pasando es demasiado dura y no nos damos cuenta que es simplemente el horno purificador de Yaweh que está permitiendo que seamos derretidos y cernidos, para poder sacar lo mejor de nosotros. Pero alegrémonos, cuando el proceso termine podremos reflejar la imagen de aquel que nos saco de las tinieblas a Su luz admirable.